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MIRADAS DE OFICINA
Mi lugar de trabajo se ha convertido en un “Gran Hermano”, todo está monitorizado y grabado: mi presencia, mis movimientos, mi trabajo en el ordenador, mis paseos… TODO. Cuando llego a casa es lo mismo, las webs, los emails, toda mi actividad en internet es registrada por buscadores, redes sociales y servidores.
Todo lo que hago en todo momento está siendo registrado y controlado, pero aún así casi nadie me conoce. Lo que realmente deseo comunicar me cuesta un esfuerzo inmenso conseguir que alcance siquiera a unas pocas personas a quienes les podría interesar lo que relato con el nombre de k-ant.
En cambio, toda esa gran cantidad de información, mi trabajo, mi actividad, mi presencia física, parece que es lo único que interesa a esa supuesta megared de información, todo lo que para mí es anecdótico y accidental, lo irrelevante para mí, eso no soy YO realmente, pues la sociedad parece que espera de nosotros/as recibir sólo la imagen del lugar social en el que nos ha tocado vivir, pero me pone todas las trabas posibles para comunicar lo que realmente pienso tanto de mí como de la propia sociedad.
Esa imagen propia, el auténtico YO, no es lo que se espera de nosotros/as, sino esa otra imagen formada por anécdotas y la rutina preestablecida de lo cotidiano correspondiente al lugar social en el que nos ha tocado vivir, y por supuesto, la anécdota irrelevante de nuestra presencia.